En muchas empresas, el proceso de entrega de calzado de seguridad se resume en una pregunta rápida:
—“¿Qué número calza usted?”
Y aunque parece suficiente, ahí comienza uno de los errores más frecuentes dentro de la gestión del equipo de protección personal.
Porque el tallaje no debería limitarse únicamente a un número. De hecho, dos trabajadores que usan la misma talla pueden requerir calzados completamente distintos.
Uno puede necesitar mayor ancho en la zona metatarsal.
Otro puede requerir más volumen interno por inflamación.
Otro puede presentar sensibilidad plantar, empeine alto o condiciones específicas que modifican completamente la forma en que el pie interactúa con el calzado.
Sin embargo, en la mayoría de procesos corporativos, el tallaje se maneja como si el pie fuera una medida estática. Y el pie no es estático.
El error de medir solamente el largo
Tradicionalmente, el tallaje se basa únicamente en la longitud del pie
Pero en biomecánica y ergonomía del calzado existen otros factores igual de importantes:
• Ancho de horma
• Volumen interno
• Altura del empeine
• Distribución de carga
• Expansión del pie durante la jornada
• Tipo de superficie de trabajo
• Tiempo de permanencia de pie

Cuando estos elementos no se consideran, el trabajador termina utilizando un calzado técnicamente certificado… pero anatómicamente incompatible.
Y ahí comienza el desgaste silencioso.
Un problema que aumenta con las jornadas largas
En ambientes industriales, operativos o logísticos, el pie rara vez mantiene el mismo volumen durante todo el día.
Después de varias horas de trabajo:
• Aumenta la temperatura interna
• Se incrementa la presión plantar
• Aparece inflamación progresiva
• El pie requiere mayor espacio funcional
Si el calzado ya estaba ajustado al límite desde la mañana, el problema se intensifica conforme avanza la jornada.
Lo que inicialmente era presión… termina convirtiéndose en dolor.
Y cuando aparece el dolor, cambia el comportamiento del usuario.
El trabajador sí utiliza el calzado… hasta que el cuerpo deja de tolerarlo
Muchas veces la empresa interpreta ciertos comportamientos como falta de disciplina:
• Aflojar cordones constantemente
• Retirar el calzado durante descansos
• Modificar plantillas
• Buscar otro zapato alternativo
• Usar el calzado parcialmente abierto
Pero en numerosos casos, estas conductas no son rebeldía.
Son mecanismos de adaptación física.
El cuerpo siempre intenta liberar presión.
Y cuando el diseño interno del calzado no acompaña la anatomía del usuario, el trabajador termina compensando por su cuenta.

La diferencia entre entregar calzado… y lograr adherencia real
Aquí aparece un concepto que pocas veces se discute: Una cosa es entregar equipo de protección personal.
Otra muy distinta es lograr que el trabajador pueda usarlo correctamente durante toda su jornada. La verdadera eficacia del calzado de seguridad no depende únicamente de la certificación. Depende de cuánto tiempo puede utilizarse sin generar fatiga, presión o rechazo.
Porque un EPP incómodo eventualmente deja de utilizarse de la manera prevista.
Hacia una gestión más inteligente del tallaje
Las empresas que han comenzado a abordar este problema de forma más técnica suelen incorporar medidas simples, pero altamente efectivas:
• Uso de diferentes anchos de horma
• Disponibilidad de medias tallas
• Pruebas dinámicas de ajuste
• Evaluación del pie al final de la jornada
• Identificación de usuarios con condiciones especiales
• Procesos de cambio y ajuste más flexibles
No se trata de “consentir” al trabajador.
Se trata de comprender que el pie humano no funciona bajo estándares rígidos.
Y que un calzado correctamente ajustado no solo mejora el confort. También mejora la adherencia, la seguridad y el rendimiento.
Reflexión final
Durante años, la conversación sobre calzado de seguridad se centró en lo visible:
La puntera.
La suela.
La resistencia.
Pero el verdadero éxito del calzado ocurre en un espacio que casi nunca se analiza:
El interior del zapato. Porque ahí es donde el cuerpo decide si puede tolerarlo… o no.
Y quizás esa sea la evolución pendiente en salud ocupacional: dejar de preguntarnos únicamente si el calzado protege del riesgo externo…y comenzar a preguntarnos si realmente se adapta al ser humano que debe usarlo todos los días.
Articulo Redactado por Marco Vignoli Ch.
Calzado Kessler

